El orgullo y el perdón.

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El orgullo y el perdón.

Todos hemos soñado con encontrar el amor incondicional pero para que esa relación llegue a nosotros tenemos obligatoriamente que haber crecido antes, porque la madurez es lo único que nos permite verla, si tenemos los ojos cerrados no podemos ver hacia adelante, tal vez en muchas ocasiones pudo haber tocado nuestra puerta, nuestro hombro o nuestro corazón pero no hemos estado listos para abrirnos o simplemente para entender que está ahí y que su simple presencia nos ahorra mucho tiempo en relaciones estériles y lágrimas de incomprensión.

 

Cuando nos disgustamos o nos distanciamos (por cualquier razón) de una persona que amamos, el mismo amor nos obliga a buscar la solución porque el alma nos duele, la distancia nos lastima y la separación no nos parece el camino correcto pero los adultos lo hacemos difícil porque no actuamos con la simpleza de la lógica “Te equivocaste y lo entendiste, te perdono”, no es tan simple, los adultos lo complicamos todo, para perdonar necesitamos requisitos, tenemos exigencias, ponemos reglas y creamos condiciones volviendo el perdón un camino más tortuoso que el propio error.

Pedir perdón y reconocer un error es un acto de humildad y la humildad es una cualidad que denota grandeza, si no podemos pedir perdón ante nuestros errores estamos llenos de un egoísmo errado y dañino pero si vamos a perdonar no hace falta convertir el acto en tortura, la simple presencia del arrepentido no requiere palabras, la convicción de lo que estamos haciendo no necesita explicación, el amor no precisa súplicas, cuando el orgullo es un defecto establecido en el carácter, tratar de ver la madurez es como pretender que una planta crezca jalándola con las manos, pienso que si la simple presencia no puede decir lo que las palabras se callan, nada lo dirá, cuando se llega a humillar al amor para sentir que somos más fuertes, que tenemos el control de perdonar o no, no somos mejores ni estamos en un peldaño más alto, simplemente, no hemos crecido todavía para entender la envergadura del perdón.